ESTO ESCRIBÍ UN 19 DE ABRIL DE 2015. ZAS El Voyerista. Alfredo Guzmán.

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¿El TSJ y sus cuitas corruptas?

¿Porqué a los mexicanos, nos gana la vena dramática? La tele novelera. Somos hijos del canal 2. Fingir tirarse al suelo y gritar, ¡Al ladrón, al ladrón¡ cuando somos parte del show. Respuesta: el hambre. Se entiende y está claro, que bebé que no llora no mama.

Eso lo sabe la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (CETEG) y la, los lúmpenes y piratas del transporte de la CETIG. Sus aliados de ahora. Triste valerse de tan finas personas.

Antes que nada, me solidarizo con los trabajadores del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) pero no hay que mentir, porque sacan mis lagrimitas. De por sí lloro hasta en los comerciales.

Los abogados son per se, habidos de billetes. Les gusta como a mí, más que la tortilla. Aunque ellos tuercen todo, con tal de lograr el objetivo. Es la única diferencia. Y la justifican legalmente.

El “sindicato” de Servidores Públicos del Poder Judicial del Estado, que inició con proyectistas de las 6 salas del TSJ, hará 10 años. Formado por medio de la presión y el chantaje es una comunidad, club, agrupación o como se le quiera llamar, porque no es sindicato estrictamente hablando, al menos no para la Junta Local de Conciliación (JLC), que a la postre no importa, porque lo mismo sirve para chantajear, presionar, reclamar, secuestrar gente y luego decir que los secuestrados son ellos.

Los adalides de la libertad, la democracia y el reclamo de prebendas y privilegios son: Adalberto Valenzo Martínez, Xochitl Jiménez Pita, Giovana Castro Carmona, Perla Maldonado Rodríguez, Natividad Reyna Justo, Miguel Ángel Moyado Escutia y María Josefina Suástegui Herrera, quienes en su conjunto, cobran sin trabajar. Pues están comisionados a un sindicato que aún no existe, pero como la CETEG, tiene representación social. Y por supuesto, privilegios. Incluido el poder de meter a familiares a trabajar. Cosa común en el TSJ, donde quien no mete a su amante, a su familiar o cosa parecida. Al TSJ, se le identifica como el “multifamiliar” más grande del estado. Y aquí incurren todos. Dije todos y desde hace años.

Adalberto Valenzo Martínez

Y eso ocurre también en todas las dependencias de gobierno municipal, estatal y federal. Los líderes, son títeres de un personaje que manipula el movimiento, porque no es financiero ni laboral, es político. El botín es la presidencia del TSJ y el presupuesto de un PODER. Y Lambertina, estorba, para ese objetivo. Y por eso, el “conflicto” se extiende hasta que renuncie la Presidenta del TSJ. O el que mueve la cuna, sea llamado a cuentas, que debe varias. Incluido el tema de Ayotzinapa.

Que los trabajadores deben ganar más, cierto. Que deben tener mejores prestaciones, también. Pero eso lo tendrán que tramitar con el Sindicato Único de Servidores Públicos del Estado de Guerrero (SUSPEG), que legalmente es quien debe representar al personal administrativo extraordinario y de base. No a los llamados trabajadores jurisdiccionales. Que son quienes hoy tienen detenidas las labores del TSJ.

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Hay que reconocer que año con año, todos los trabajadores, han tenido aumentos salariales. Por ejemplo en los años 2011, 2012, 2014 en porcentajes del 4 al 12 por ciento.

En 2014 los trabajadores recibieron un aumento salarial del 24 por ciento para los oficiales administrativos extraordinarios y de base. Y 15 por ciento para los trabajadores jurisdiccionales a excepción de los jueces y magistrados que recibieron el 12 por ciento.

Sólo hay que recordar que el nacimiento del “sindicato” de Servidores Públicos del Poder Judicial del estado de Guerrero, ocurre el 7 de abril del 2014 en asamblea, donde se elije a Adalberto Valenzo Martínez. Su reconocimiento por el TSJ no por la Junta Local de Conciliación fue por medio de la presión contra la actual Presidenta del Tribunal Superior de Justicia, Lambertina Galeana Marín, quien tenía que comparecer ante el Senado de la República el 21 de octubre del 2014.

Un día antes, los integrantes del “sindicato” y los magistrados se sentaron a dialogar y cuando las peticiones estaban a punto de reconocerse, los representantes de los trabajadores se levantan de la mesa, exigiendo reconocimiento a su sindicato. Cosa que el TSJ, no puede hacer, por que no le corresponde. A las 20 horas de ese día, se levantan de la mesa y acuden a los centros laborales a colocar banderas de huelga en la ciudad judicial de Chilpancingo y otras partes del estado.

Ante este panorama tétrico y que buscaba establecer que no había funcionamiento de poderes en el estado ante el Senado de la República, los magistrados acceden a platicar y destrabar el conflicto, aceptando “reconocer” al sindicato. Y es así, como a las 4 de la mañana, se firma la minuta de “reconocimiento” a un sindicato que en la ley Orgánica del Poder Judicial del Estado, son considerados como de confianza. Tema que tienen que resolver.

La política es así, las organizaciones sociales, han aprendido a presionar y lograr los objetivos por la presión, el chantaje y la violencia. Nada nuevo, pues.

En el conflicto del TSJ hay gato encerrado y es triste que los trabajadores, acepten que se les unan ladrones, cafres, golpeadores como los de la CETIG y maestros sin dignidad que cobran sin trabajar.

Una lucha digna, requiere un plan estratégico serio, responsable y digno. No lo manchen con acompañantes que los manchan de violencia o aceptar ser títeres del poder. Es todo.

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