EL VOYERISTA. POR ALFREDO GUZMAN

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El Voyerista, Retomo un texto del pasado. Va.
Guadalupe Patricia (La pocha)

Mi experiencia amorosa, era reciente. La fama de ser chambelán oficial de las niñas quinceañeras de la colonia Pénsil, colonia pesada y difícil, para quien no era diestro para el patín y el trompón, luego de estar en medio del triángulo dorado de los mañas, como las colonias Anáhuac, Santa Julia y Argentina, además de colindante con La Granada, Tacuba y la 5 de Mayo, mi fama apenas empezaba a rebasar a otras colonias.

Tenía 15 años y por azares de la vida, era desde la óptica de las niñas, todo un galán en dosis pequeñas. No sé pero ni yo mismo lo entendía. Pero me dejaba querer.

Las dos primeras novias, se desesperaron y con un beso, robado, se me adelantaban y aseguraban con eso ya ser mis novias. Maricela, fue la primera, una beldad chaparrita de 14 años, que ella así misma festejaba que le decían la “Fanta”. Porque la publicidad decía que la Fanta, un refresco de moda era muy buena. Y ella lo estaba. Sus nalguitas paradas y sus pechos erguidos, era difícil abstraerse y no verlos, con ese caminar pispireto y lleno de coquetería de una niña, que se sabe hermosa.

Lourdes, fue la segunda novia, que tampoco me permitió decirle que si quería ser mi chica, Sólo la esperé a la salida del pan y con un beso, de agradecimiento, me dijo, “ya somos novios.” Y en un ratito, me regaló tantos besos, y chupones en mi boca, que hasta me espanté. Zas. No era posesivo ni celoso. Nada me importaba. Era querido y quizá deseado. Porque en la secundaria, se agarraron a golpes, sin que yo supiera Graciela y Elena. A ellas, sólo les di un faje.

Yo me sabía fiero, pero quizá lo que tenía era suerte y labia. Luego supe que verbo, mata carita.

Los 12 de diciembre en mi barrio, son algo especial. Sin lugar a equivocarme, si hay un lugar donde se veneran y adoran, los 12 de diciembre, es en el Distrito Federal. Por su significado. Allá, en cada calle hay hasta 2 ó 3 altares invadiendo la banqueta. Y la gente los respeta.

Porque el peligro en el DF, se vive a diario. Y con un altar, aunque uno muera, al menos, ya sabe que tiene la bendición de la virgencita de Guadalupe.

La conocí primero en pláticas. Me decían que las “pochas” eran unas chicas hermosas. Que cuando llegaban a venir a la colonia Pénsil, ésta se convulsionaba. Me reía. No creía.

Vivía en Lago Cupatitzio 108. Ahí nací. O sea nací en Gabriel Mancera, que es la dirección del hospital General del DF, pero el domicilio paterno era ahí. Aunque el abuelo José Guzmán vivía en Peñón 14, en el corazón del barrio famoso de Tepito. Y cuando lo visitaba, me picudeaban los chavalos, porque sabían que no me rajaba a los madrazos. Aunque mi fama era por otra cosa, nunca me pelee a golpes. Cómo que mejor me sacaban vuelta. Era galán.

Y mi abuelo decía, mira cabroncito, si quieres que te respeten siempre trae los zapatos limpios. Era zapatero de Tepito.

Las pochas eran primas de Pilar, mi vecina y amiga. 5 hermanas de diferentes edades y un jovencito. Las pochas son mujeres nacidas en los Estados Unidos, pero de padres mexicanos. Pues cuando las vi, se me hizo un vacío en el estómago y un bulto en los calzones. Sentí que me cagué de emoción. La más pequeña de escasos 13 años se llamaba Guadalupe Patricia.

¡No macayu.¡ Me súper apendeje, sólo de verla. Me enteré después que en la “School” le decían “patito” porque sus nalguitas estaban muy erguidas. Blanca, alta, esbelta, bella.
Me traté de controlar, porque apenas 15 días antes, le había “cantado” a Teresa, una chica hermosa de 14 años, que siempre había estado al pendiente de sus pasos, porque me tenía embelesado. Iba por ella a la secundaria 68 y le daba pena, porque decía que en su escuela iban puros peques y de dinero. Y yo era un perrito eléctrico. O sea, cruzado corriente con corriente. Era medio racista y la toleraba.

Pero cuando Teresa supo que las pochas, había llegado, que me da la pauta. -“Mira Alfredito, que no sepa que andas de pinche lanzado con esas, porque vas a saber lo que es canela.”
-Qué pasó, yo soy ratoncito de un solo ahujero, no me inventes.
-Mira y para que veas que te puedo mandar por un tubo, te me vas. Porque no me gusta la competencia. Me dijo. Y que me voy. Ya no insistí con ella y que me voy a formar a la cola de las pochas.

Apenas vi a Teresa hace unos dos años y nos reímos de aquellas cosas de niños.
La competencia con Guadalupe Patricia, estaba gruesa. Motos, autos y hasta un contrincante llegó con un tráiler, para convencerla de ser su novia. La neta, todas las pochas eran bellísimas. La Yina, era una espectacular jovencita rubia, que no macayu. Las otras, ya era mayores, pero de gran calado y especial presentación y porte.

Lo cierto, es que sólo nos probaron y se fueron.

Algo mágico pasó, porque Pilar, su prima estaba cerca de sus 15 años y como yo era el chambelán, pues todos los días ensayábamos y tenía contacto con ella diario. Las pochas habían venido a sus vacaciones de verano y a los 15 de su prima. A la semana, ya la acariciaba en el mercadito. Y cuando me enseñó varios trucos, pues me desarmó. La experiencia fue extraordinariamente inusual.

Era, todo un analfabeta amoroso, junto a ella. Y cuando me puso mi mano en su seno y en otros lados. Me perdí. A sus 13 años, su cultura era más rica, mucho más abierta, avanzada y amorosamente diestra. Me usó, como su juguete. Y ahí encontré lo que nunca me imaginé.

Pero en el juego de su perversidad, quedó embarazada. Me di cuenta que era ponzoñoso, pues. Se curó sin que lo supiera su familia. Fue un brete, pero la salvamos. Ahí adquirí mi primera deuda.

-Me caso, le dije y se cagó de risa.

Y cuando me dijo que nunca podía estar mejor en los EEUU, que en México, me mató.
Mi orgullo, quedó herido. Todavía le seguí hablando desde México, por teléfono a su casa en California cada 12 de diciembre. Regresó a los 5 años, pero los hot dogs y las hamburguesas, la había transformado. Me hice el occiso. Ya no insistí y mejor, le pedí perdón a Teresa y me entretuve con ella. Hasta que tuve que salir de la ciudad de México y venir a Chilpancingo, pero eso ya es otra historia.

Y cada 12 de diciembre, venero a la virgen de Guadalupe y al recuerdo que me quedó de Guadalupe Patricia, y le mando un beso al recuerdo de cuando llorando le fui a dejar a su camión, que la llevó al aeropuerto.

Pero, siempre digo ¡bendita seas venerable y hermosa virgen de Guadalupe¡

Fin.

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